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viernes, 24 de mayo de 2013

SEMANA DEL PARTO RESPETADO



Esta es la semana del parto respetado. Yo, como parto respetado, entiendo que se refiere a tener un parto, sea de la manera que sea y del modo que sea (hospital, casa, con epidural o no, instrumental...) no traumático para la madre y el bebé. ¿Es eso no?

Yo tuve un parto hospitalario y, llámame cobarde si quieres, no me atrevería a parir en casa. Me da miedo. Tal vez sea una estupidez pero un hospital me da más tranquilidad. Las madres que deciden parir en casa me parecen unas valientes, yo no tendría lo que hay que tener para hacerlo aunque supongo que lo haría en caso de urgencia si no hubiera otra alternativa.

Yo os voy a contar el mío. Tenía claras 2 cosas: que iba a ser en el hospital (si es que no venía de golpe en casa) y que quería epidural (no soporto el dolor. Casi ni una picada de mosquito).

Nunca pensé en episotomías ni instrumental, y lo tuve. Nunca pensé que me iban a pinchar 2 veces la epidural, y me pincharon 2 veces. Nunca pensé que me romperían las aguas, y me las rompieron. Nunca pensé en posturas y tuve la que llaman litotomía que es la cómoda para el ginecólogo. Tampoco me planteé si iba a ser respetada o no, iba de parto: entrar, parir y salir.

Llámame ignorante (que a veces viene muy bien) pero yo no tuve la sensación de no ser respetada. Era lo que tocaba y como no conocía la otra opción, la cual como no conozco tampoco puedo saber si es buena, pues a ello fui. Lo que sí querría puntualizar, y tras informarme posteriormente, es que todas estas prácticas que he comentado no son siempre idóneas y muchísimas de ellas no sirven para nada. Por lo tanto no sé para qué narices las hacen y más si puede haber algún riesgo, que lo hay, en alguna de ellas. También debo puntualizar que mini yo no quería salir ni con agua calienta y nació un día antes de que me lo fueran a provocar. Ya estaba en la semana 42!!!!

Lo que sí apuntaría como "no respeto" en mi parto y haciendo la reflexión ya con el paso de los años y mis conocimientos adquiridos al respecto (porque en el momento, como ya he dicho, daba por hecho que eran los pasos que debían seguir) serían algunos momentos de miedo, inseguridad o como lo quieras llamar, por ignorancia también, y que nadie supo atender ni explicar.

Uno de los momentos fue en el que me rompieron las aguas y la matrona no fue de lo más amigable pero claro, entiendo que igual la señora tiene 5 partos diarios así que no le venía de nuevo. Aún así, deberían tener un poco más de sensibilidad al venir con un palo, metértelo entre las piernas y que salga de golpe agua caliente con moco (reconozco que en ese momento flipé muchísimo!). Antes de hacerlo, deberían explicártelo, más que nada para saber qué van a hacer porque en esos momentos no es que estés para discutir nada. Y tu pareja tampoco. (APUNTE: esta es una práctica que no se recomienda en según qué partos!!!)

Otro momento que tal vez me hubiera gustado vivir de otra manera fue cuando me pasaron a la sala de parto, antes de quirófano, donde estaba mi pareja acompañándome pero no mi madre a la que necesitaba como agua de mayo, porque sólo podía haber una persona. Porqué puede haber sólo una persona si yo necesitaba a dos? Reglas del hospital o del ginecólogo?

Por lo que me he informado mi parto fue el típico no respetado pero yo no me sentí humillada en ningún momento. La verdad que no le di importancia a estas prácticas "irrespetuosas" y tal vez sea porque todo salió bien y no hubo ningún trauma (al menos hasta el día de hoy). También hay que contar que mi ginecólogo era del año de mari castaña. Peras al olmo, no. Y la matrona, pues una que no tenía previsto un parto un lunes a les 21h sino que tal vez quería comerse una pizza mientras veía Gran Hermano. No sé!

Tal vez, si hubiera tenido una matrona y ginecólogo más sensibles, empáticos o cariñosos, mi parto hubiera sido 100% tranquilo y no sólo un 80% (el 20% se trata de esos momentos que te hacen cosas y no sabes el qué) pero tampoco tengo la sensación de haber tenido un mal parto.

Así que, como conclusión: sea como sea vuestro parto, lo importante es que no te quede un mal recuerdo del día más importante de tu vida, en el que te conviertes en madre.

Espero que todas tengáis un bonito parto y a vuestro gusto. Y las que no que lo denunciéis!

Feliz fin de semana!

viernes, 14 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 1: Estoy embarazada (Parte 3)




Cuando estás a punto de dar a luz es cuando entra otro aluvión de consejos. Ten muchas relaciones sexuales, camina, corre, salta, no pares en todo el día. Una ya está cansada y quiere parir, quieres ver a tu bebé. Ver como es, como se mueve, qué hace! Y mientras llega ese momento empiezan las porras: nacerá el sábado 12, no el 13. A mí ya me era igual cuándo pero quería que fuera ya y que no me lo provocaran.

El lunes 14 de junio, un día antes de que tuviera hora para provocarme el parto, empecé a mojar un poco las ropa interior. Yo lo achaqué a incontinencia urinaria pero mi pareja me dijo que llamara al ginecólogo. Yo no quería llamar ni ir al hospital, hacía dos semanas que ya había hecho el ridículo yendo al hospital y me volví a casa con un: “anda, pero si aún estás muy verde”. Como si fuera un tomate de ensalada. Insistió así que llamé.

“Hola. Sí, mira, que durante el día de hoy he tenido incontinencia”. “Igual has roto aguas”, me dijo. “No, no, es como si me hubiera hecho pipí. No cae agua”. Inocente. Al parecer, las aguas no tienen porqué romperse como en las películas, que inundan las calles, sino que la bolsa puede romperse por arriba e ir goteando.

Bien. Me fui para el hospital pensando que me iban a retornar a casa y de golpe oigo que la matrona le dice a mi marido “Bueno, sal fuera que está de parto”. Cómo? De parto? No, no, seguro?. Pero si no tengo contracciones. A parte, tengo hora mañana!. Me invadió el miedo. Lo primero que le dije a mi pareja fue: “llama a mi madre!”. Dios, como necesitaba a mi madre. Era la única persona que me podía calmar y quitar los miedos.

Cuando regresó la matrona casi muero. Vino con un palo blanco largo y me dijo: “abre las piernas”. Me rompió las aguas, bien rotas, y salió un liquido caliente que recorrió mis piernas y sacó de dentro un blandiblup transparente horrible. El famoso tapón mucoso. Ahí empecé a notar las contracciones. Pequeños dolores intensos. Yo no lo definiría como dolor sino como momento de tensión en el que no puedes ni respirar y no quieres que ni te hablen ni te toquen. Eso es una contracción!

Así me tuvo un rato hasta que me dijo. Te vamos a poner ya la epidural. Yo tenía claro que no quería sufrir ni tener dolor así que, lo siento por las que quieren parto 100% natural, tenía clarísimo que quería epidural. Aunque bueno, lo tienes claro hasta que te dicen que te la van a poner y tienes fobias a las agujas.

Me pasaron de un cuartucho enano, ruidoso y feo a una sala más amplia y silenciosa. Vino la anestesista, era rusa. Con su acento particular me dijo. “ponte de lado, en posición fetal”. Yo temblaba por los cuatro costados. Tengo terror a las agujas. La mujer repetía: “por favor, tienes que estar quieta sino no te puedo pinchar” y yo contestaba: “intento estar quieta pero no puedo, estoy muerta de miedo”. Para colmo tuvo que pinchar dos veces pero, si soy sincera, no me dolió el pinchazo.

Una vez anestesiada volvió la paz. No dolor, no mal humor. Así que estuve un rato en esa sala contando chistes y dilatando. Cada rato venía un enfermero, muy gay, para ver que tal estaba y cada rato más largo la matrona para hacer el tacto. De pronto, el enfermero dijo: “venga, que hoy no cenamos”. Me llevaban a quirófano.

Me echaron en la camilla, me pusieron las piernas en los estribos y me dijeron que siguiera las indicaciones de la matrona. Yo, preparada de mis clases preparto lo tenía claro. Me iba repitiendo en silencio: coger aire, inflar la tripa y empujar. Pero cuando la matrona me dijo que empujara y yo hacía todo el ritual del pujo me dice: “esto no es empujar, empuja, empuja bien, ahora!” Adiós a las clases preparto y la técnica.

Eso de: “no se tiene que empujar como si hicieras caca sino se empuja con el diafragma del abdomen”, qué diablos, ahí se empujaba o la niña no salía. Y mi marido no me cogía la cabeza, cada vez que lo miraba estaba con una cara de estar horrorizado de ver en directo un parto. Hasta lo invitaron a sentarse. Como dice un amigo: “el parto, bonito, bonito, no es, no nos engañemos!”. Yo, ajena a todo, empujé, empujé y empujé y la oí llorar.

CONTINUARÁ....